ARTICULO Otomana Taburete labor.

De la otomana al taburete; un muebles con historia y otro con tradición.

I. La Otomana.

II. El taburete bajo.

III. Mi taburete de labor.

IV. Punto de encuentro entre la otomana y el taburete bajo.


ARTICULO Otomana Taburete labor.

Una otomana y un taburete de labor tienen más en común de lo que parece, ambos son muebles auxiliares que acercan el cuerpo a una determinada actividad.

La diferencia está en que uno nació ligado al descanso y el otro al trabajo.

Hoy podemos recuperar esa versatilidad y elegirlos para una decoración consciente.

 

I. La Otomana.

ARTICULO Otomana Taburete labor.

La palabra otomana, como su nombre indica, tiene relación con el imperio otomano y en muchos hogares otomanos, antes del siglo XIX, las habitaciones podían contar con tarimas bajas con alfombras, cojines y almohadones colocados junto a las paredes, creando superficies flexibles para sentarse, descansar o incluso dormir. De esta manera, el concepto acabaría dando lugar a la otomana, un espacio bajo y acolchado para descansar el cuerpo.

ARTICULO Otomana Taburete labor.

Al principio era una pieza de grandes dimensiones, relacionada con una forma de sentarse más informal. Con el tiempo, se redujo el tamaño, adaptándose a las proporciones de las habitaciones europeas. Aparecieron versiones más compactas y fáciles de combinar con otros muebles de la estancia.

Durante el siglo XIX, la otomana comenzó adoptar formas circulares, octogonales o rectangulares, y a cumplir diferentes funciones en los espacios; de asiento adicional, de reposapiés, de lugar de almacenamiento o de elemento puramente decorativo.

Podemos decir que la otomana pasó de ser una pieza relacionada con una determinada forma cultural de sentarse a convertirse en una herramienta de organización del espacio doméstico.

ARTICULO Otomana Taburete labor.

La otomana además de ser cómoda, tiene capacidad para cambiar de función según las necesidades del espacio. Podemos encontrarla prácticamente en cualquier estancia; delante de un sofá en una sala, al pie de la cama en el dormitorio, junto a un sillón en la oficina, como asiento ocasional o incluso como pieza protagonista de un salón.

ARTICULO Otomana Taburete labor.

En la España de los siglos XVII-XVIII existió “el estrado”, un espacio donde las mujeres se sentaban “a la morisca”, que era sobre almohadones o alfombras. La documentación sobre mobiliario tradicional español, relaciona esta forma de sentarse con influencias del mundo musulmán y señala cómo fue desapareciendo con los cambios de costumbres del siglo XVIII.

 

II. El Taburete Bajo.

La baja altura del taburete no es un capricho estético, sino que responde a una determinada ergonomía laboral, ya que acerca el cuerpo al trabajo sin ocupar demasiado espacio. Esto eleva las rodillas, permitiendo apoyar materiales sobre los muslos y facilitando determinadas labores manuales. Por eso el taburete bajo aparece asociado a numerosas actividades tradicionales como labores textiles, cocina, artesanía, agricultura o tareas domésticas.

ARTICULO Otomana Taburete labor 8

El Museo Nacional del Prado, a través del Tesauro de Patrimonio Cultural de España, recoge además, que podían incorporar cajones o espacios bajo el asiento, llegando a ser pequeños muebles auxiliares. En ocasiones tenían incluso una pequeña gaveta debajo del asiento para guardar los utensilios de labor o utilizarla como costurero.

 

III. Mi taburete de labor.

Hace algunos años, en un curso de ebanistería de la Escuela de Arte de Lanzarote, que no pude terminar por motivos laborales, hice mi taburete de labor. Y hace unos días vi un reel sobre un taburete muy parecido al mío. Eso me hizo pensar en mi taburete y decidí restaurarlo para que durara 10 años más.

Mi taburete está ensamblado, no tiene ni una tacha, por eso reforcé las uniones con una mezcla de serrín y cola. Después lo lijé a mano, con un taco para lijar, que también hice en el curso de ebanistería. Oscurecí el taburete con acetato de hierro y lo protegí con una mezcla de aceite de linaza y cera vegetal.

 

IV. Punto de encuentro entre la otomana y el taburete bajo.

Ambas piezas pueden usarse para; apoyar los pies, alcanzar algo, trabajar, acompañar un sillón, sentarse junto a una mesa baja, apoyar temporalmente objetos, crear un asiento adicional cuando llegan visitas y, dependiendo de su diseño, guardar pequeños objetos.

Bajo la filosofía “Casa Sana” es importante poner atención en los adhesivos, las pinturas, tratamientos y procedencia de los materiales del mueble. Por eso un taburete de labor o una otomana saludable tiene:

Una estructura de madera preferiblemente de origen conocido y gestionado responsablemente. Con acabados al aceite, cera natural o productos de baja emisión.
En una otomana tapizada podríamos combinar una estructura de madera con un relleno de látex natural y un tejido de lino, algodón o cáñamo.

Antes de comprar una otomana o un taburete pregúntate …

¿Conozco el origen del material?
¿Su estructura es reparable?
¿Puedo quitar el tapizado y lavarlo o sustituirlo?
¿Puedo cambiar o reparar una pata, una pieza o el asiento?
¿Su altura corresponde a la actividad para la que lo voy a utilizar?
¿Puede cumplir más de una función?
¿Está diseñado para acompañarme durante años?
Y la pregunta más importante:
¿Realmente necesito este mueble?

En un espacio consciente los objetos están elegidos con intensión.


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